El motor musical de la jornada estuvo a cargo del Cuarteto del Recuerdo de UACJ
En una frontera acostumbrada a la prisa, al estruendo de la maquiladora y al tránsito incesante hacia el norte, detenerse a escuchar la caída de la tarde es casi un acto de resistencia.
No obstante, la terraza del Centro Cultural de las Fronteras (CCF) se convirtió en un oasis de introspección colectiva donde la música romántica funcionó como un ejercicio de memoria compartida durante el concierto Atardecer en Bolero.
Organizado por la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez (UACJ), a través de la Dirección General de Difusión Cultural y Divulgación Científica, en el marco de su 53 aniversario, el encuentro reunió a cientos de asiduos al género que desbordaron el cupo de la terraza desde minutos antes de las 6:30 de la tarde.
El motor musical de la jornada estuvo a cargo del Cuarteto del Recuerdo UACJ, cuyos integrantes interpretaron un repertorio que evocó la época de oro del bolero latinoamericano.
El maestro Blas García Flores, subdirector de Producción Cultural de la UACJ, detalló los orígenes de este proyecto dentro de la oferta artística de la institución:
«El Cuarteto del Recuerdo se desprende de la Rondalla Amantes del Recuerdo. Tenemos un proyecto de rondalla varonil y también de rondalla femenil, pero a raíz de tantos servicios que se nos solicitan, de ahí se desprendió este proyecto de cuarteto de boleros», señaló.
García Flores recordó que la agrupación ha tenido un rápido crecimiento dentro de las 18 agrupaciones representativas con las que cuenta la universidad:
«Ha sido tanta la respuesta que ellos debutaron tocando en una sección con la Orquesta Sinfónica de la Universidad el año pasado. Esta es su primera presentación en solitario y también funciona como su ensayo general y despedida antes de partir al IV Festival Nacional del Bolero en Veracruz, donde representarán a la UACJ y al estado de Chihuahua».
El refugio del romanticismo
A medida que el sol y su calor descendía tras el perfil de la ciudad juarense y paseña, los acordes de las guitarras, el requinto y la percusión menor tejieron un puente entre generaciones.
Adultos mayores que tarareaban las letras completas compartieron espacio con jóvenes que grababan fragmentos en sus teléfonos móviles, en un diálogo silencioso que dio cuenta de cómo la nostalgia sigue articulando la identidad de la comunidad fronteriza.
La puesta en escena del cuarteto apostó por arreglos acústicos tradicionales que permitieron que la calidez vocal destacara sobre la acústica abierta de la terraza del edificio.
Temas icónicos del cancionero popular no solo provocaron aplausos, sino también murmullos apagados y sonrisas nostálgicas entre los asistentes, para quienes cada estrofa parecía remitir a lugares, rostros o épocas idas.
Rotundo éxito y proyección a recintos más grandes
Sobre la alta convocatoria y los retos logísticos de presentar un evento al aire libre, el Subdirector de Producción Cultural destacó:
«Tuvimos aforo lleno; la capacidad es como para unas 300 personas, pero hubo bastantes sillas adicionales y otra tanta gente de pie. Esos son ‘problemas deseables’: qué bueno que el inconveniente sea que hay mucha gente y no que falta público».
El funcionario universitario añadió que el clima fue benevolente durante la jornada, a pesar de que comenzaba a sentirse algo de viento, e hizo hincapié en la importancia de llevar la música a recintos de mayor capacidad a futuro:
«Ahorita estamos en la terraza y un poco a expensas del clima, por lo que esto nos lleva a pensar que para la próxima presentación del cuarteto buscaremos un espacio más amplio, como el Teatro Gracia Pasquel o la Sala de Usos Múltiples. Es importante que los grupos se presenten para el beneficio de toda la comunidad».
Continuidad en el paisaje cultural
El evento —que fue llevado a la comunidad gratuitamente— aseveró la vigencia de los espacios institucionales para la difusión del patrimonio inmaterial en la región.
Más allá de la conmemoración universitaria, Atardecer en Bolero dejó ver que la memoria colectiva en la frontera no está congelada en el tiempo: se reescribe cada vez que una guitarra suena al atardecer y la población decide reunirse para escuchar.













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